La rumiación

¿Qué hacer con el ciclo infinito de pensamientos?

               La rumiación implica la repetición de pensamientos negativos, una y otra y otra y otra vez. Es una forma de afrontar el estrés y el malestar, a modo de pensar todos los escenarios posibles y prepararnos para ellos. De todas formas, la rumiación no es adaptativa: nos lleva a estar todo el día pensando en eventos del pasado, incrementa nuestro estado de ánimo negativo, aumenta la preocupación sobre las causas y consecuencias de la situación, sin buscar soluciones.

¿Cuál es la función de la rumiación?

               En general nos valemos del razonamiento “si pienso en X, lo voy a solucionar”. La cuestión es que esto no es necesariamente así, ya que pensar tanto en X nos lleva a una cadena de pensamientos negativos muy difíciles de frenar. A largo plazo, se mantendrá la conducta problema causando un aumento de la tristeza y ansiedad.

Entonces, ¿tengo que dejar de pensar?

               No, tampoco. Dejar de pensar no sólo es contraproducente, sino que es casi imposible. Entonces si intentamos dejar de pensar, seguramente nos frustremos muchísimo. Intentar no pensar en algo nos va a hacer pensar aún más en ello. Si les digo “no piensen en un elefante rosa”, la trampa está en la misma consigna. Haremos lo posible por no pensar en el elefante rosa, pero en algún punto nuestra cabeza va a querer revisar si estamos haciendo bien la tarea, por lo que, al corroborar que no estamos pensando en un elefante rosa, vamos a estar pensando en él de todas formas.

¿Qué puedo hacer con mis pensamientos?

               En primer lugar, considerarlos como lo que son: pensamientos. Muchas veces caemos en la ilusión de que nuestros pensamientos reflejan la realidad tal cual es. Esto es especialmente complejo cuando esos pensamientos hablan mal de nosotrxs o de quienes queremos mucho. Al fin y al cabo, los pensamientos son sólo pensamientos, ni más ni menos.

               Como mencionamos previamente, las estrategias de engancharnos y darle rienda suelta al pensamiento o intentar suprimirlos no funcionan. Una buena alternativa es no intentar frenarlos ni eliminarlos, darles un lugar (el lugar de pensamiento, no de verdad absoluta).  

               Hay algunas actividades que podemos hacer para distanciarnos un poco de estos pensamientos. Por ejemplo, si estoy pensando que soy tonta (y pensamientos derivados), puedo tomar la palabra tonta y repetirla constantemente durante unos 30-60 segundos. Quizás parezca algo demasiado simple, pero probablemente terminemos riéndonos de lo ridículo de la situación o de cómo suena esa palabra al repetirla sin cesar.

               Otro ejercicio podría ser imaginarse los pensamientos como nubes. Cada pensamiento será una nube que aparece en nuestro campo visual, avanza y desaparece. Esto nos ayudará a tomar distancia, a ver los pensamientos como algo pasajero y no necesariamente determinante.

               Si bien hemos mencionado distintas estrategias generales para lidiar con la rumiación, siempre es bueno acercarse a un espacio terapéutico para trabajarlo más en profundidad y en relación a la historia individual de cada persona. La Terapia Cognitivo Conductual cuenta con muchas herramientas para lidiar con la rumiación. 

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